Aquella mujer

 

—Lamento haberte abandonado a pesar de prometerte que jamás lo haría —dijo Ethan con la mandíbula temblando y la voz entrecortada, mientras veía frente a sí, en su sala, a aquella mujer que no veía desde hace años, a la chica que amó como jamás había amado o volvió a amar—. No sé por qué lo hice, a veces no sé qué pasa conmigo, de verdad, perdón Anna, lamento todo el daño que te ocasioné, perdón por ser una mala persona.

Anna lo escuchó atenta, sin siquiera parpadear. Mantuvo su mirada fija en él por unos segundos, y después respondió con la voz dulce y calmada habitual en ella:

—No eres una mala persona Ethan, a pesar de todo, tú siempre me hiciste feliz, y por eso nunca dejé de amarte, ni podré dejar de hacerlo.

Ethan no pudo soportarlo más. Posó su cabeza entre las manos y se permitió llorar a raudales, con cada lágrima cargada de una intensa tristeza, frustración y dolor.

Su llanto se prolongó por varios minutos, y cuando consiguió tranquilizarse, pronunció con una voz ronca y débil:

—Cerrar programa de simulación.

El holograma se desvaneció al instante cuando los proyectores en las esquinas de la estancia recibieron la orden y apagaron su función.

Aquella mujer

Recuerdo

 


Recuerdo el día en que sus armatostes tan grandes como edificios aparecieron de pronto sobre las ciudades.

De la incertidumbre que sufrieron los gobiernos, de sus actos precipitados y las consecuencias de estos.

Recuerdo el momento preciso en que la humanidad comprendió que el mundo ya no nos pertenecía.

Pero lo que no puedo recordar con exactitud, es el día en que todos los demás se despertaron para venerarlos, y decir que desde nuestro origen, siempre hemos sido su servidumbre.

 

 

Recuerdo

Sin poderes

Cuando era niño, me preguntaba si no poseía poderes como en las caricaturas que veía, porque yo en realidad no era un héroe.

Que tal vez si los tuviera, me vengaría de los que me hacían daño, haría sufrir a las personas que me desagradaban.

Al crecer, me di cuenta de que no necesitaba poderes para hacer eso.

Sin poderes