A tu lado

 

Jack se despertó por una gélida sensación en todo el cuerpo, y cuando sus ojos se adaptaron un poco a la oscuridad, divisó frente a él a una hermosa mujer, pálida pero con una dulce sonrisa y radiantes ojos.

—¡No puede ser! —profirió él con sus orbes bien abiertas, que se dilataron aun más al notar que la fémina subía a su cama y se acercaba poco a poco hacia él—. ¿Por qué? ¿Por qué estás aquí?

Cuando ella se acercó lo suficiente, pudo admirarle el rostro a detalle. Seguía igual que la última vez que la sostuvo con vida.

—Oh Jack, yo te lo prometí, ¿recuerdas? Te amo tanto que no importa lo que pase, yo siempre me quedaré contigo.

Jack percibió a la perfección cómo la dama rodeaba firmemente sus brazos en él. Trató de apartarse de este agarre, y al no tener éxito, envío de inmediato sus manos al cuello femenino para apretarlo con violenta fuerza igual que aquella noche, pero esta vez en lugar de una sonrisa de placer, tenía una mueca de profundo terror por todo su rostro.

—No te preocupes Jack —dijo ella con una dulce y cariñosa voz—, no importa lo que ocurra, yo jamás me alejaré de ti, te amo tanto que perdonaré todos tus errores, y siempre me quedaré a tu lado.

Gritó hasta rasparse la garganta, pero nadie fue a ayudarlo. Jack tardó en descubrir que ya no estaba en su cuarto.

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