Luces navideñas

Aunque la Tierra había sido calcinada hace años, dentro del centro estelar se seguía usando el calendario gregoriano. Marcaba Navidad.

Elisa caminó a la plaza principal de cúpula traslúcida al igual que un centenar de otras personas, y juntas, en vez de observar un árbol que tuviera adornos luminosos, admiraron el cosmos con un millar de fulgores.

Todos compartieron un poderoso sentimiento de esperanza, alegría y amor.

En la Tierra Elisa jamás había experimentado esa sensación con otros individuos, ni siquiera con su familia. Tal vez los pocos humanos que quedaban por fin estaban conectados.

 

 

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Luces navideñas

Pintura

Anna pagó la enorme cuota para ingresar a la simulación y poder moverse a través de una realidad creada a partir de las pinturas más famosas.
Los colores, las texturas, los contornos, las perspectivas. Todo fue tan maravilloso.
Pero cuando emergió y regresó al mundo real, lo encontró tan insípido, que nunca más volvió a sonreír.

 

 

Pintura

Varado

El navío de Apsen sufrió un desperfecto y quedó varado en mitad del vacío cósmico.

Segundos, minutos, horas, tal vez días, no podía saber cuánto tiempo había pasado, pero su mente comenzó a delirar.

Creyó que algo abordaba su nave, algo que producía un extraño sonido, algo que se dirigía hacia él, pero Apsen no se volteó para confirmar o negarlo, ya estaba muy cansado, y por eso se alegró cuando todo a su alrededor se oscureció.

 

 

Varado

Abandono

Abandonamos la Tierra, nuestros hogares, familia, amigos y conocidos sin hacer el más mínimo esfuerzo por salvarlos y sin sentir culpa alguna por ello.
Entonces no sé por qué me sorprendió cuando terminaste por abandonar todo, incluyéndome.

 

Abandono

Pasado

 

Realizó la proyección temporal al pasado para descubrir en qué momento perdió lo más preciado que alguna vez tuvo.

Y aun así no lo pudo encontrar.

 

 

 

 

 

Pasado

Aquella mujer

 

—Lamento haberte abandonado a pesar de prometerte que jamás lo haría —dijo Ethan con la mandíbula temblando y la voz entrecortada, mientras veía frente a sí, en su sala, a aquella mujer que no veía desde hace años, a la chica que amó como jamás había amado o volvió a amar—. No sé por qué lo hice, a veces no sé qué pasa conmigo, de verdad, perdón Anna, lamento todo el daño que te ocasioné, perdón por ser una mala persona.

Anna lo escuchó atenta, sin siquiera parpadear. Mantuvo su mirada fija en él por unos segundos, y después respondió con la voz dulce y calmada habitual en ella:

—No eres una mala persona Ethan, a pesar de todo, tú siempre me hiciste feliz, y por eso nunca dejé de amarte, ni podré dejar de hacerlo.

Ethan no pudo soportarlo más. Posó su cabeza entre las manos y se permitió llorar a raudales, con cada lágrima cargada de una intensa tristeza, frustración y dolor.

Su llanto se prolongó por varios minutos, y cuando consiguió tranquilizarse, pronunció con una voz ronca y débil:

—Cerrar programa de simulación.

El holograma se desvaneció al instante cuando los proyectores en las esquinas de la estancia recibieron la orden y apagaron su función.

Aquella mujer

Recuerdo

 


Recuerdo el día en que sus armatostes tan grandes como edificios aparecieron de pronto sobre las ciudades.

De la incertidumbre que sufrieron los gobiernos, de sus actos precipitados y las consecuencias de estos.

Recuerdo el momento preciso en que la humanidad comprendió que el mundo ya no nos pertenecía.

Pero lo que no puedo recordar con exactitud, es el día en que todos los demás se despertaron para venerarlos, y decir que desde nuestro origen, siempre hemos sido su servidumbre.

 

 

Recuerdo