Parpados

Conseguí finalizar todos los proyectos de la universidad y los deberes de mi empleo, al fin podía descansar; después de horas, días, semanas sin dormir siquiera un minuto.

Cerré los ojos y experimenté una profunda sensación de paz.

Era tan agradable estar así, que mis parpados se fundieron con la piel de mi rostro, y nunca más pude volver a abrirlos.

 

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Mano

 

He perdido la cuenta de las noches, antes del amanecer, en las que sueño que una mano deforme aprieta con tanta violencia la mía que me hace despertar empapado de sudor y con los ojos desorbitados. Pero cuando observó hacia esa dirección, no encuentro nada.

Esta madrugada, la sensación ha sido más agobiante. Experimenté con claridad sus uñas enterrándose en mi carne mientras mis dedos se quebraban entre los suyos.

Desperté enseguida con el corazón desembocado, y esta vez, al fin lo pude ver.

 

Luces parpadeantes

Debido a la vehemente tormenta, las luces parpadearon por unos minutos hasta que se apagaron por completo.

Sin embargo, antes de que la casa fuera enterrada en total oscuridad, estoy seguro de que vi una figura salir del espejo.

 

Varado

El navío de Apsen sufrió un desperfecto y quedó varado en mitad del vacío cósmico.

Segundos, minutos, horas, tal vez días, no podía saber cuánto tiempo había pasado, pero su mente comenzó a delirar.

Creyó que algo abordaba su nave, algo que producía un extraño sonido, algo que se dirigía hacia él, pero Apsen no se volteó para confirmar o negarlo, ya estaba muy cansado, y por eso se alegró cuando todo a su alrededor se oscureció.

 

 

Apagón

El apagón en toda la colonia sumergió bajo una inescrutable oscuridad la casa de Elias, y su hijo, al instante, gritó lleno de espanto.

Elias fue a su habitación y lo abrazó para calmarlo, diciéndole que no había nada que temer.

Tardó un segundo en percatarse de que a quien abrazaba no era su hijo.

 

 

 

Tenía que ser él

Era la noche en que la bestia rondaba por el pueblo, podía adquirir cualquier forma.
Su hijo, su hijo mostraba una extraña mirada. Por más que le habló el menor no respondió nada, así que tenía que ser él, ¿verdad?, no se equivocó al matarlo, no pudo haberlo hecho.

 

 

Castigo

 

La joven había sido apaleada hasta la muerte y enterrada de inmediato a las afueras del pueblo. El clérigo y su familia le habían advertido sobre la criatura con forma de buen mozo, le explicaron su verdadera naturaleza, pero ella no hizo caso. Aceptó el vástago del muchacho, merecía tal castigo.

Sin embargo, los lugareños no sabían que a pesar de la penitencia ejecutada sobre la joven mujer, ella todavía engendraría al retoño maldito, y otro al próximo año, y otro al próximo año.